Conducir Enfermo
La salud y la seguridad vial tienen una relación directa con la siniestralidad. Un conductor enfermo o bajo tratamiento tiene más posibilidades de verse implicado en un accidente ya que algunos medicamentos pueden afectar al funcionamiento del organismo y por tanto, a la conducción. Todos somos conscientes de los efectos adversos del alcohol y las drogas en la capacidad de conducción, sin embargo, la mayoría de personas desconocen que algunos medicamentos pueden resultar igualmente peligrosos. Esto se debe a que la medicación ayuda a controlar ciertos síntomas de la enfermedad del paciente, y en este sentido puede tener un efecto positivo en la capacidad de conducción. No debemos olvidar que los medicamentos tienen un triple efecto: por un lado, el terapéutico (beneficioso); por otro, los efectos secundarios; y, en tercer lugar, los posibles efectos adversos si se combinan con otro tipo de sustancias (interacciones). Por esto es que algunos tratamientos farmacológicos pueden afectar nuestra destreza para conducir. También es importante saber que no todas las personas reaccionan de la misma forma ante los medicamentos. El efecto depende de la edad, el metabolismo, el hábito de consumo y el estado físico, por lo que pueden variar de una persona a otra.
Los efectos más importantes de algunos medicamentos sobre la capacidad para la conducción son:
- Somnolencia.
- Pérdida de coordinación psicomotora y reducción de reflejos.
- Cambios de comportamiento, confusión, aturdimiento y mareos.
- Dificultad para la concentración.
- Trastornos del equilibrio o sensación de vértigo.
- Problemas en la percepción sensorial, visual, auditiva y de las distancias.
En cualquier caso, la premisa básica es consultar siempre al médico o farmacéutico sobre los posibles efectos en la conducción antes de tomar algún medicamento y no automedicarte. Para corroborarlo, debes leer el prospecto y respetar la dosis, los horarios y las incompatibilidades con otros medicamentos. En caso de mezclar medicamentos sigue las recomendaciones del especialista. No te olvides que algunos medicamentos sin receta y medicinas naturales también pueden afectar negativamente. Los primeros días de una nueva medicación o después de un cambio de dosis debes evitar conducir o a lo sumo hacerlo a baja velocidad.
En algunos países es obligatorio que en todos los medicamentos con la capacidad de influir en la conducción aparezca en su envase y prospecto una serie de advertencias para que los pacientes puedan reconocerlos rápidamente. Debido a esto, en la caja aparece un dibujo consistente en un triángulo rojo con el vértice hacia arriba y con un vehículo en su interior, que muestra que el medicamento puede afectar a nuestra capacidad de conducción. Este pictograma no indica que tienen prohibido conducir, sino que es aconsejable leer el prospecto o preguntar a un profesional sobre su uso durante la conducción. Sin embargo, conviene recordar que hay medicamentos que pueden influir en la capacidad de conducción pero que no requieren del pictograma por lo que siempre consulte al profesional.
Por otro lado, la Unión Europea bajo el programa DRUID (Driving Under the Influence of Drugs, Alcohol and Medicines), compuso una clasificación de los riesgos de medicamentos y conducción que consta de 4 niveles con el fin de informar y aconsejar a la población sobre la utilización de los medicamentos al volante. Las categorías son las siguientes:
- Categoría 0: sin efecto sobre la capacidad de conducción. El fondo del pictograma es verde. El mensaje para el paciente es que efectivamente no tiene efecto y que no está faltando el pictograma.
- Categoría 1: influencia leve sobre la capacidad de conducción. El fondo del pictograma es amarillo. El mensaje para el paciente es que no conduzca sin leer detenidamente el prospecto antes de tomar el medicamento.
- Categoría 2: influencia moderada sobre la capacidad de conducción.El fondo del pictograma es marrón o naranja. El mensaje para el paciente es que no conduzca sin consultar a su médico o profesional farmacéutico antes de tomar el medicamento.
- Categoría 3: influencia muy marcada sobre la capacidad de conducción. El fondo del pictograma es rojo. El mensaje para el paciente es que no conduzca.
En este programa, el pictograma es el mismo que indicamos con anterioridad, pero con la diferencia que el fondo va cambiando según la categoría como se ha indicado.
En definitiva, siempre es importantísimo leer el prospecto para conocer los posibles efectos que puedan tener en la habilidad para conducción (entre otros efectos secundarios). Si quieres saber mas detalle sobre los efectos secundarios sobre los medicamentos, la siguiente tabla te dará más detalle:
En cuanto a las enfermedades, las de mayor riesgo son las que están relacionadas con las pérdidas de conciencia, como la diabetes, la epilepsia, los trastornos cardiovasculares (arritmias, infartos, hipertensión arterial, embolias) y los trastornos del sueño. También las que producen alteraciones mentales graves o del comportamiento, como la esquizofrenia, depresión, demencia o el abuso y/o dependencia a fármacos, alcohol o drogas. Finalmente, están las enfermedades que producen alteraciones en la capacidad visual como las cataratas, glaucoma, retinopatía diabética o hipertensiva o la degeneración macular. Para todas estas enfermedades, se hace hincapié en la importancia de consultar al médico o especialista sobre la posibilidad de seguir circulando. El médico tendrá la palabra más importante y será quien nos recete la medicación correspondiente y nos indique si en nuestro estado, podemos seguir poniéndonos al volante sin peligro.
Sin embargo hay enfermedades o pequeños síntomas que no suponen una inhabilitación de conducción pero que debemos tener en cuenta porque produce efectos negativos. En estos casos, la responsabilidad es netamente del conductor, ya que antes de sentarse al volante debe saber si cuenta con todas sus capacidades o no. Para ello, deberá observar que anomalía presenta y cómo influye en sus reflejos, en su capacidad de concentración y si le produce excesiva somnolencia.
Tener una extremidad inmovilizada, te quita velocidad reacción. Si bien notas que puedes conducir de todas maneras, deberás notar que lo debes hacer a una velocidad menor a la habitual para compensar la falta de velocidad de reacción que te quita la extremidad inmovilizada. Cabe aclarar, que en la mayoría de estos casos no es recomendable conducir, aunque depende del modo y de la extremidad inmovilizada.
Otro ejemplo es la conjuntivitis, si usamos algunos colirios o pomadas oftalmológicas que pueden influir sobre nuestra correcta visión con señales como disminución de la agudeza visual, del campo visual. Debemos saber que el 90% de la información que utilizamos para conducir proviene de la vista y si se puede esperar el momento necesario para poder ver correctamente sería conveniente. Si necesita utilizar la corrección óptica adecuada, debería llevar los anteojos de repuesto en el coche.
Los malestares digestivos como los vómitos intermitentes, la diarrea, el estreñimiento hasta el dolor abdominal, entre muchos otros también aportan a la inseguridad vial. Dado que este tipo de afecciones pueden provocar pérdida de fuerza, sudoración, irritabilidad y sobretodo falta de concentración, ya que el malestar se lleva toda la atención que se puede tener. Las decisiones se toman en forma tardía disminuyendo las respuestas adecuadas en tiempo y forma.
Si estamos engripados, y aunque no tomemos medicamentos, nuestros reflejos disminuyen y si bien podemos seguir conduciendo, debemos ser conscientes que nuestros reflejos no están óptimos y deberíamos circular a una velocidad menor a la habitual.
Las alergias son el caso emblemático, de estos pequeños síntomas o enfermedades que no suponen un retiro de la licencia pero que no se le debe restar importancia y aumentar las precauciones. Más allá que la medicación (que suele ser sin receta) produce somnolencia, los ojos irritados, el moqueo (rinitis) o los ataques de estornudos te distraen, no te dejan ver bien y no te dejan conducir. Esta patología tan frecuente en la sociedad actual supone un gran peligro para la seguridad vial, puesto que se calcula que un ataque de estornudos continuados puede provocar la pérdida de la atención del conductor hasta un total de 30 segundos. En este caso, si circulamos a 100 kilómetros por hora, podemos llegar a conducir durante más de 800 metros sin prestar la atención suficiente a la carretera. Si en cambio, conducimos a 30 kilómetros por hora, realizaremos 250 metros distraídos, que sigue siendo mucha distancia pero es sensiblemente menor que el caso anterior. Por eso, en estos casos, lo más recomendable es no conducir.
La depresión tiene síntomas variados que altera el estado de ánimo y que afecta en gran medida nuestras capacidades para conducir con seguridad. Al estar deprimidos, puede aparecer la irritación y la ansiedad junto con los comportamientos arriesgados e impulsivos y muchas veces con reacciones desproporcionadas. Aumentan las distracciones y se pierde información del entorno. Debido a esto, se toman decisiones erróneas y se responde de forma más lenta a los estímulos. Si el estado es prolongado, también hay síntomas de sueño y fatiga.
El hecho de fumar al volante provoca distracciones, principalmente, por dos motivos: el conductor debe centrar parte de su atención entre encender y apagar el cigarrillo en el cenicero. Durante ese tiempo, además de darle una calada debe procurar que no se caiga la ceniza, es decir, hipoteca una de sus manos en una función que nada tiene que ver con el manejo del volante. Por otro lado, el humo aumenta una posible falta de visibilidad, daña la visión nocturna y ocasiona vista difusa al irritar los ojos.
El estrés es una respuesta interna ante una situación de alarma, amenaza o emergencia que nuestro cuerpo desarrolla como mecanismo de defensa y puede alterar de manera significativa nuestras capacidades para conducir aumentando la agresividad hacia los demás conductores, los comportamientos imprudentes, los niveles de riesgo y disminuyendo la concentración. De esta manera las decisiones se toman con mayor lentitud y aumenta la fatiga junto con el riesgo de que se cometan más errores.
El malestar general, también afecta a la conducción ya que desconcentra al conductor y le quita velocidad de reacción. Por ello para estos pequeños síntomas es responsabilidad del conductor detectarlos, ser conscientes y conducir acorde. Para aumentar la seguridad, lo mejor es no conducir si pensamos que nuestras capacidades están afectadas.
Para concluir, la palabra más importante la tendrá siempre el médico. Él será quien nos recete la medicación correspondiente y nos indique si podemos seguir conduciendo sin peligro. Recuerda que hay mucha medicación que no es compatible con la conducción y hay enfermedades que influyen de manera negativa en nuestra seguridad vial aunque no estés medicado para ello. Si estás conduciendo y notas los síntomas mencionados, recuerda que es tu responsabilidad cambiar de conductor o tomar la precauciones necesarias para evitar el siniestro.
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